Madrid, 13 mar (EFE).- La reinterpretación de un modelo que está presente en el mercado desde 1938 y que es todo un icono social y de marca ha sido un reto que Volkswagen ha resuelto con un retorno a sus principios del diseño y la inteligencia practica de mejorar la limitada funcionalidad de sus antecesores.
Sus diseñadores dicen que es el nuevo original, un retorno al modelo que fue el origen de Volkswagen. Desde entonces se han vendido 22,5 millones de unidades en todo el mundo, una cifra que hace que sea uno de los tres automóviles de más éxito de la historia.
El diseño del “nuevo original” es obra del equipo de Klaus Bischoff, el jefe de diseño de la marca Volkswagen, bajo la tutela Walter de Silva, el diseñador jefe del Grupo Volkswagen, que trabajó sobre unas nuevas proporciones para corregir el principal defecto atribuido a la anterior generación, la falta de capacidad y, consecuentemente, de funcionalidad.
Ahora, el Bettle es un coche que puede ser utilizado sin las limitaciones anteriores. el coche mides ahora 4,28 metros de longitud, lo que supone un crecimiento de 15,2 centímetros, y tiene 1,81 metros de anchura, 8,4 centímetros sobre el predecesor.
También han aumentado los anchos de vías y la distancia entre ejes, mientras la única cota que ha menguado es la de la altura, ya que su 1,48 es menor en 1,2 centímetros).
El mayor ancho y la menor altura mejoran el aspecto general del coche. Aumenta el músculo visual y la silueta es más cercana a la del deportivo
El aumento de las proporciones lleva a un espacio interior mayor y más confortable para cuatro adultos, su capacidad homologada, con un maletero que ahora es de 310 litros, 96 litros más que el anterior.
Las diferencias en el tamaño son apreciables al primer golpe de vista y muy notables si al lado se coloca el de anterior generación,pero también en el diseño. Sin embargo si se coloca al lado el original se perciben muchas similitudes.
El equipo de Klaus Bischoff trabajó sobre el ADN original para reinventar el icono de Volkswagen y el resultado es el de una silueta que es comparable a la de un Porsche 911. No en vano, el deportivo alemán por excelencia fue engendrado a partir del concepto inicial del Beetle. Este ha sido el resultado de retomar y modernizar y dinamizar la silueta del original.
A los hombres de Volkswagen les gusta decir que el Beetle actual es un moderno automóvil que rinde homenaje al diseño de la “semilla automovilística” de todo el grupo Volkswagen.
El Beetle probado corresponde a la versión Design -Sport es la otra posible- que contiene detalles exclusivos, como los tiradores de las puertas y las molduras protectoras laterales, que tiene remates cromados y son del color de la carrocería, y los perfiles situados debajo de las ventanas laterales, realizados en aluminio anodizado y la rejilla de la entrada de aire negra frontal, con un bisel cromado.
En el interior destaca el salpicadero, del mismo color de la carrocería, y una guantera como la original en el panel frontal del tablero de a bordo. El color de la carrocería también está presente en el volante de tres radios.
Una curiosidad de esta nueva generación es la posibilidad opcional de que el coche lleve en la parte posterior el nombre que recibe en cada país: Escarabajo, Beetle, Vocho, Coccinelle, Fusca, Maggiolino, entre otros apelativos, o sólo la palabra Volkswagen.
Si el diseño no pasa desapercibido -gusta de forma unánime-, el conductor suma al atractivo estético otras percepciones al volante. El Beetle es, desde la perspectiva de la conducción, una sorpresa.
Desarrollado sobre la plataforma del Golf, el Beetle hereda sus cualidades ágiles y de resistencia a los esfuerzos y admite muchísima potencia motriz.
No se espera en este coche una suspensión como la elegida. Es firme y admite una conducción exigente, toda la que pueda dar el motor básico de esta versión. El ajuste del sistema hace que el coche tenga un comportamiento neutro y disposición rápida a obedecer las órdenes de dirección.
La unidad probada es la equipada con el motor de gasolina 1.2 TSI de 105 caballos de potencia, un equipo realizado bajo la filosofía de reducción (downsizing), pero bajo dos principios. El primero lo logra -sorprende la dinámica con este motor- y el segundo depende de muchos factores.
La utilización de este motor de 105 caballos encaja a la perfección con el Beetle. La baja cilindrada y la cifra de potencia son datos engañosos, porque de trata de un propulsor turboalimentado de inyección directa que entrega el par a partir de las 1.550 vueltas.
Las respuestas del motor son muy similares a las que proporciona el diesel 1.6 TDI, pero sobre este tiene un funcionamiento más suave y silencioso y un poco más de consumo. Si no se hace una utilización intensiva del coche, no tiene sentido la elección del diesel.
La entrega de par a un régimen tan bajo hace que el conductor sienta que siempre dispone de empuje, en aceleración y en recuperación, si esperar a que el motor se revolucione.
El motor es muy agradable, apenas transmite vibraciones y el ruido es escaso. A ralentí la aguja del cuentavueltas es la que nos garantiza que el motor está encendido.
Las sorpresas en la conducción del Beetle aparecen cuando enfrentamos el coche al tráfico urbano diario, exigimos rapidez en carretera y sometemos al chasis a las tensiones de la conducción deportiva en monta√±a.
En ciudad es un coche suave y ágil, con una buena visibilidad en todas las direcciones y una capacidad de maniobra notable. Para perfeccionar estas cualidades sólo le haría falta una caja de doble embrague DSG para automatizar los cambios.
En carretera no deja de sorprender la agilidad con la que se desenvuelve y la postura general del coche cuando se fuerza en los apoyos. El ajuste de la suspensión favorece estas exigencias. El comportamiento general del coche produce mucha confianza al conductor y agrado de utilización.
A los mandos del Beetle se percibe una ergonomía general de alto nivel. Explica la marca que si los si los conductores del Escarabajo refrigerado por aire lo conducían desde una posición muy baja del asiento y los del New Beetle desde una posición elevada, los de este Beetle experimentan una sensación mucho más deportiva, con todo muy a la mano y muy visible.
El Beetle es ahora es algo más que un automóvil de culto, porque con el aumento de tamaño y espacio amplia la clientela potencial del coche. Quien piensa en un compacto bien puede hacerlo en el Beetle de nueva generación, aunque con los límites que imponen las arquitecturas de tres puertas.
El precio no es exagerado, pero coloca a este Beetle en una posición intermedia, distante de los compactos de gran volumen. Así, el Beetle, sin ser un coche de gama alta, al menos en esta versión de acceso a la familia, desaparecerá de las posibilidades de compra del cliente medio, especialmente en la actual situación económica, y a pesar de los nuevos atractivos del coche.