Barcelona (Españ), 12 mar (EFE).- El cineasta, dramaturgo y escritor francés √âric-Emmanuel Schmitt, que hoy recibió en Barcelona el premio cinematográfico “Ola de oro”, describió el cine como “un arte paradójico, que permite explorar el misterio”.
Para Schmitt, que debutó con la película “El señor Ibrahim y las flores del Corán”, el cine es “un arte consagrado a lo espiritual, va más allá de lo visible” y por eso le apasiona.
En cuanto a ganar la “Ola de Oro”, que concede la asociación CinemaNet, dijo: “Estoy encantado, pues he recibido muchos premios literarios, pero este es, de momento, el único galardón cinematográfico que tengo, y aunque ya soy un escritor maduro, todav√≠a soy un joven cineasta”.
En relación a su segunda película, “Cartas a Dios”, por la que recibió el premio en Barcelona, el autor francés aseguró que escribió el guión porque tenía “ganas de escribirlo”, y la definió como “un canto de amor a la vida, incluso cuando esta es corta”.
Cuando creó la historia de “Cartas a Dios” -“Oscar et la dame rose”, en el original francés- no pensó que el libro y el filme tendrían tanto éxito.
A su juicio, ese reconocimiento inesperado demuestra que “la gente necesita hablar de lo que es tabú” y añade, ya como filósofo: “No se tiene que tener miedo de lo que da miedo”.
En nuestra época, apunta Schmitt, vivimos con la ilusión de que la ciencia superará la muerte, pero a su juicio, “se debe amar la vida tal como es, con su vulnerabilidad, con su corta duración”.
Admite que es duro aceptar el misterio de la vida y recuerda que su evolución “desde el absurdo al misterio” se produjo cuando se quedó aislado en el desierto del Sahara y allí tuvo una revelación.
Considera que “Europa tiene una historia religiosa, con el cristianismo como uno de sus pilares”, pero al mismo tiempo piensa que “hay una historia paralela del ateísmo, y no puede haber uno sin el otro”.
Reconoce que hablar de Dios en Francia, “un país globalmente ateo”, es políticamente incorrecto.
“Cartas a Dios” forma parte del ciclo literario de Schmitt sobre la infancia y la espiritualidad “Los jóvenes tienen experiencias místicas”.
Cuando impartía clases de filosofía en la universidad le ofrecieron hablar de filosofía en un colegio, y aunque era escéptico porque pensó que no estarían preparados, descubrió que los jóvenes de once años tenían “auténticas conversaciones filosóficas” que no podían mantener los universitarios “por estar mediatizados por la sofisticación o el esnobismo”.
Los chavales de once años hacen lo que haría un filósofo, sentencia: “Sorprenderse, hacer preguntas y tratar de dar respuestas”.
Schmitt pensaba dirigir otro de los libros de esa serie, “Le sumo qui ne pouvait pas grossir” (El sumo que no podía engordar), una cinta que se iba a rodar en verano en Japón, pero cuyo proyecto se paró a consecuencia del tsunami.
“Debía ser la historia de un nuevo viaje iniciático, pero ahora tendré que pensar en otra película”, dice Schmitt, para quien “la lucha es un arte de vivir, sea un sumo o un joven adolescente como Oscar”, en referencia al protagonista de “Cartas a Dios”.
Además de la espiritualidad, otro de los conceptos en los que Schmitt trabaja en sus obras literarias o cinematográficas es la imaginación, una facultad “muy noble que se debe cultivar y desarrollar” y que nos permite “explorar el mundo al leer o escribir”.
Europeísta convencido, piensa que “la excesiva monetarización del mundo olvida valores como la solidaridad, los derechos a la sanidad, a la educación” y que en la sociedad actual falta fe o su equivalente laico, confianza.