La raclette es una preparación típica del cantón de Valais, en Suiza, que se compone de distintos ingredientes, como patatas, embutidos, pepinillos y queso raclette. Estos se cocinan en un aparato eléctrico del mismo nombre, que dispone de una plancha en la superficie, y un espacio en la parte inferior para colocar pequeñas bandejas individuales en las que derretir el queso junto al resto de alimentos.

Es una forma de comer muy divertida y, en los últimos tiempos, se ha popularizado, traspasando fronteras. Antiguamente, el queso se derretía a las brasas o en un aparato de hierro. Su origen está en las comidas de los pastores suizos, que acercaban el queso a una hoguera en la que también asaban las patatas, y cuando el queso estaba derretido, lo raspaban, extendiéndolo sobre las patatas y algún trozo de embutido. A veces se confunde con la fondue, más conocida y popular, aunque entre estas dos preparaciones hay grandes diferencias.

Precisamente el nombre de este plato, y del queso con el que se realiza, está íntimamente ligado a su origen, pues viene del verbo francés racler, que quiere decir rascar, acción que los pastores realizaban ayudándose con las piedras que tenían a su alrededor.

Raclette, en su acepción masculina, da nombre a un queso suizo hecho con leche de vaca cruda que posee una maduración de entre tres y seis meses y se presenta en grandes piezas circulares. Su corteza es firme y de un característico color anaranjado, y su interior esconde una pasta de color amarillo suave, de olor pronunciado. Actualmente es fácil de encontrar en los comercios, preparado en pequeñas lonchas y envasado listo para utilizar.