París, 29 feb (EFE).- Guerrera y medieval pero también espiritual con el modisto Damir Doma; instalada en el futuro con Guy Laroche o protegida de todo contratiempo con Felipe Oliveira Baptista, la mujer del otoño-invierno 2012-2013 conquistó hoy unas pasarelas en las que brilló con inusitado vigor la imagen de Hermès.
Poco antes de que Mugler cerrase la segunda jornada de colecciones “pret-è-porter” de París con su desfile-espectáculo, la histórica firma familiar no tuvo siquiera que subir al podium -lo hará el domingo- para atraer al planeta moda a su cuartel general, donde presentó una colección de joyería y cuatro increíbles bolsos.
Construidos con oro y o diamantes, estos bolsos-joya eran contemplables por pequeños grupos en pequeños cubículos dentro de una instalación muy teatral, instalada en el segundo piso de la famosa boutique Hermés del faubourg Saint-Honoré.
El creador de las piezas, Pierre Hardy, dijo a Efe haber querido centrarse en un producto icónico de la casa, el bolso, cuyo tamaño redujo convenientemente, por lo que nada impedirá portarlo como una voluminosa joya, sobre el pecho o en la muñeca, según el modelo.
La experiencia no se repetirá, pues para Hardy, que en su primera colección Hermés exploró sus raíces ecuestres, “la idea del lujo extremo reside en la unicidad”.
Único como lo fue también el desfile del portugués Felipe Oliveira Baptista, director artístico de Lacoste desde 2010 y cada vez más consolidado en la plaza de París, donde debutó en 2003.
Hoy la conquistó con un desfile destinado a vestir a una “Belle du jour 2012”, con una mezcla de múltiples referencias, del punk a todo tipo de protecciones y corazas, según dijo a Efe.
La materia prima dominante fue el cuero tratado como una segunda piel, contrastado a menudo con piezas de lurex y de jersey de colores vivos nunca cosidos, sino “termopegados” sobre el cuero.
Guantes altos de charol sobre blusas de manga corta de hombreras consistentes y minifaldas sobre medias o pantalón pitillo, escotes en la espalda y monos completos, fueron algunas de sus propuestas.
En la Escuela de Bellas Artes, el modisto indio Peachoo Krejberg se entregó al negro sobre pieles, cuero y superposiciones de prendas.
Mientras que otro amante de las superposiciones, el serbio Damir Doma, las trabajó en conjuntos asimétricos de grandes abrigos, pantalones bombacho y amplias faldas ténica, teñidos de negro, pero también de tonos tostados, marrones y rosa salmón.
Con Guy Laroche la línea 2012-2013 se anuncia holgada y liberadora, con el cuerpo casi flotante bajo prendas voluntariamente sencillas, confortables y de elegancia contundente.
En raras ocasiones, Marcel Marongiu, modisto de esta firma hoy hongkonesa, optó por destacar una parte de la figura femenina, el pecho en particular, con jerséis ajustados levemente transparentes o con blusas de plisados verticales.
El negro dominó buena parte de su colección invernal, en la que el color fue tratado como lo haría un pintor, no por casualidad el modisto franco-sueco se formó en la Escuela de Bellas Artes.
De ahí sus estallidos de rojo vivo, casi naranja, sobre conjuntos monocolores de falda o pantalón, a juego con jersey, cazadora o ténica trapecio.
Las aparentes variaciones de paleta en esta colección inspirada en la arquitectura venían de las diferentes materias primas reunidas, opacas y brillantes, como terciopelo, lana, gazar, charol y lamé.
Otras excepciones al negro fueron el gris y una imponente serie de modelos dorados, pero de oro de apariencia desgastado, así como conjuntos enteramente blancos y de combinaciones de blusa blanca sobre falda negra, siempre sobre botas altas hasta las rodillas, aquí blancas también.
Las pasarelas fueron tambi√©n hoy de Dévastée, Nicolas Andréas Taralis, Limi Feu, Dries Van Noten, Rochas, Gareth Pugh y Rue Du Mail.