¿Cuántos niños se hacen adultos siendo parte de una verdad de la que ni siquiera son conscientes? O ¿cuántos se enteran por personas ajenas a la familia de ciertos detalles que les cambian la vida de un momento para otro? Muchos. Y sus vidas de pronto giran en torno a los por qué, al enojo y a los reproches.

Está claro que si un niño no sabe que es adoptado es porque, cuando tuvo lugar la adopción, era muy pequeño como para recordarla luego. Y en estos casos, dar a conocer toda la información sobre su origen es responsabilidad de la familia adoptiva.

Cuando por proteger se comete un mal

Hablar de la adopción es la oportunidad perfecta para construir una relación basada en la sinceridad y la confianza, además del respeto hacia esa personita que integra tu familia. El pasado, el presente y el futuro de cada persona está determinado por ciertas características, no solo en base a las experiencias que se tienen sino a la genética y a factores hereditarios. Imagina esta situación: tu hijo va al médico siendo un adulto y este le pregunta si en su familia hay personas con hipertensión arterial. Ni tu pareja ni tú tienen problemas de salud, pero la madre de sangre de tu hijo sí; sin embargo, sin conocer sus verdaderos antecedentes, tu hijo le responde al médico “No”, y su salud podría estar en riesgo. Por cualquier cosa que pudiera ocurrirle a un hijo adoptivo, el que cuente con la información más precisa y certera posible siempre será favorable.

¿Te gustaría que eligieran por ti?

¿Te sientes cómoda llevando contigo ese gran secreto? ¿Te has puesto es sus zapatos preguntándote qué te gustaría que ocurriese estando en su lugar? No es una situación fácil, pero cuando tuviste que escoger entre adoptar o no hacerlo, tú ya sabías lo que venía por delante. Ahora debes asumir tu responsabilidad. Ser honesta con tu hijo del corazón dejará un camino libre de reproches y reclamaciones por ambas partes.

Las personas que se enteran de forma accidental que son hijos adoptivos, en general no reaccionan bien con su familia de acogida. Por otra parte, aquellas que sí lo saben desde el principio pueden elegir buscar a sus padres biológicos o no hacerlo, pero es una decisión que pueden tomar porque cuentan con la información verdadera, de otra forma se les estaría negando esa oportunidad.

Los hijos adoptivos suelen sospechar cuál es la verdad. Por ejemplo, atan “cabos sueltos” como la inexistencia de fotos de un embarazo o la falta de anécdotas o historias al regreso del hospital. De modo que no subestimes la inteligencia de tu hijo o, al dolor de saber que le ocultaste la verdad, también se le sumará el dolor porque su madre del corazón creyó que él no se daría cuenta.

Tu hijo del corazón tiene el derecho a saber la verdad. No uses como excusas “pobrecito, no soportará saberlo” o “le hará mal saber la verdad”. Es cierto, no le será fácil asumir su nueva realidad, pero te agradecerá que hayas cuidado de él y seas sincera, y ese será su motivo para no dejarse caer.