SOL INVIERNO

En la temporada de frío tendemos a creer que el sol desaparece. Pero los rayos UV siempre están ahí a la espera de nuestra piel. Por eso, es importante cuidarnos del sol, sobre todo si decidimos tomarnos unos días en la montaña o la costa, pues aunque estemos abrigadas hasta el cuello, el sol estará al acecho.

La piel es un órgano vivo que sufre mucho con los cambios climáticos. Y no sólo sufre con el sol, sufre también si no la cuidamos del frío, sobre todo si tenemos una piel seca y sensible. Por eso, es fundamental cuidarla todos los días del año, toda la vida.

En esta temporada, también, nuestra piel siente mucho el aire, las bajas temperaturas, la humedad y la sequedad de las calefacciones, todos factores que van a influir muy negativamente sobre ella. ¿Cómo la afectan? El frío, el aire, la humedad y los cambios bruscos de ambiente nos generan un importante nivel de deshidratación y ésta  favorecerá el envejecimiento de nuestra piel produciendo sequedad, descamación y fisuras. Todo ello con mayor progresión a la formación de nuevas arrugas y a aumentar las existentes. Entonces, es fundamental prevenir y cuidarnos no sólo frente al frío o al aire sino, también, frente a los contrastes de humedad y temperatura ambiental.

El sol en invierno: los riesgos y cómo cuidarnos

La Dermatología Mundial está de acuerdo, desde hace ya unos años, en recomendar el uso diario de tratamientos hidratantes con factor de protección 15 o más.

En la práctica de algunos deportes propios del invierno -como el esquí, entre otros- hay que cuidar especialmente la piel. Es necesario protegerla, no solo del frío, sino también, del sol, ya que la incidencia solar se incrementa considerablemente por la exposición directa y por el reflejo del sol en la superficie nevada. Al elegir un fotoprotector debemos considerar que sea SPF 50+ y renovarlo frecuentemente. La elección de la textura del producto depende del tipo de piel: para pieles secas, es ideal una textura en crema o crema con color; para pieles mixtas a grasas, la textura fluida es la indicada.

No hay que olvidar, tampoco, de cuidar de manera especial los labios con un fotoprotector adaptado a esa zona tan sensible del rostro y de aplicar un tratamiento calmante e hidratante para el momento posterior a la exposición solar.

Siempre hay que utilizar, además, una protección ocular con anteojos homologados con filtro UV.