Este es un tema delicado en el que me gustaría aportar mi grano de arena, especialmente porque es una situación que viví.

Lo primero es aclarar que, legalmente, en la mayoría de los países, el adolescente no puede escoger con cuál de sus padres quiere vivir, sino que el juez le da la tenencia de los hijos automáticamente a la madre, a menos que exista alguna razón de peso (una enfermedad mental, por ejemplo) para no hacerlo.

Y aunque la mayoría de los padres y madres aceptan este acuerdo de forma tácita, mi recomendación para los padres de hijos adolescentes que se están divorciando es siempre la misma: hablen con su hijo o con sus hijos. Porque aunque en realidad la decisión la tomaremos nosotros, es importante darles un espacio para que se expresen, así como tener en cuenta su punto de vista al momento de tomar la decisión.

No todos los casos son iguales

En mi caso, cuando me separé me tuve que mudar, por razones laborales, de un pueblo de 7.000 habitantes a la capital del país e ir a vivir a casa de una amiga, mientras que mi ex se quedó en la misma casa en la que solíamos vivir. Cuando le planteamos la situación a nuestro hijo preadolescente, le dijimos que las opciones eran irse a vivir conmigo a una nueva ciudad mucho más grande, donde tendría que ir a otro colegio y hacer nuevos amigos, o quedarse con el padre y seguir viviendo donde siempre.

Sé que sería una decisión difícil para cualquiera: vivir con mamá pero cambiar todo lo demás, o vivir con papá y seguir en el mismo lugar de siempre. Mi hijo es muy maduro, y en ese momento nos planteó que quería quedarse con el padre por un año hasta terminar el colegio y, cuando entrara a secundaria, se mudaría conmigo a la gran ciudad.

Los adolescentes son más maduros de lo que pensamos

Como madre fue una decisión desgarradora. Pero sé que fue la mejor decisión: mi hijo me estaba presentando una alternativa razonable, y sus motivos de querer quedarse en el pequeño pueblo donde vivíamos, en la misma casa, con los mismos amigos y en el mismo colegio me parecieron totalmente válidos.

Si para un adolescente ya es difícil que sus padres se divorcien, ¡cuánto más puede serlo si además se lo arranca de todas las cosas que conoce y ama! Sé que no es una decisión fácil, y requiere mucho coraje decidir permitir que nuestro hijo viva con su padre. Pero nunca debemos perder de vista que el objetivo no es salirnos con la nuestra ni hacer todo lo posible por ser felices nosotras, sino hacer que esos momentos difíciles sean menos traumáticos para nuestros hijos.

Hoy sé que fue una buena decisión, difícil y dolorosa para mí, pero que hizo la transición mucho más llevadera para él, que se ha convertido en un adolescente sano y feliz.

Así que si algún día pasas por un divorcio y tienes que decidir con quién va a vivir el adolescente, lo mejor es hablarlo antes de tomar una decisión definitiva.