Todas soñamos, en algún momento, con tener una buena relación con nuestra madre. A veces me pasa de escuchar a alguna de mis amigas hablar de la buena relación que tiene con su madre, y sentir cierta envidia, obviamente no porque quisiera tenerla como madre, sino por poder llegar a tener una relación similar con la mía. 

Pero no todas tenemos esa suerte, y hasta hay momentos en que debemos que hacer algo al respecto, porque esa relación tóxica puede estar saboteando nuestra felicidad. Para descubrirlo, analiza si la relación con tu madre se parece a alguna de estas.

  1. Dueña

Si tu madre siempre está dando su opinión sin que se la pidas, te exige cosas, espera que te adaptes y sigas sus reglas, o se queja de que no estás a la altura de las expectativas que te ha fijado, tu madre no se está comportando como tu madre: se está comportando como si fuera tu dueña. Y como es probable que hayas vivido toda la vida así, quizá consideres que alguna o todas estas cosas son normales, pero créenos: no es normal ni saludable para ti.

  1. Rival

A veces puede resultar difícil creer que nuestra madre está compitiendo con nosotras, porque parece hasta antinatural, ¡pero sucede más frecuentemente de lo que imaginas! Tu madre se convierte en tu rival cuando se compara contigo y compite para ver quién es más bella, inteligente, exitosa, etc. De más está decir que una relación así con nuestra propia madre es extremadamente agotadora y sin sentido.

  1. Amiga

Más que una madre, se comporta como una amiga. Y aunque en principio podría sonar como la relación ideal, con el tiempo te das cuenta que tu “mejor amiga” no te deja espacio para crear tu propia vida. El problema aquí es que tu madre está tratando de vivir la vida a través tuyo, y utiliza tus vivencias y experiencias para sentirse viva ella misma. 

  1. Hija

Esto lo he vivido en carne propia y puedo asegurar que es de las peores experiencias: cuando tu madre se comporta como si fuera tu hija. ¡Y hasta hace demandas infantiles! La madre que se cree hija no solo no te brindará el apoyo y la contención que todas esperamos de una madre sino que, peor aún, esperará que tú la apoyes, contengas y cuides de ella, como si fuera una niña. 

¿Qué hacer en cualquiera de estos casos? Por supuesto que la decisión final es de cada una, pero lo que yo hice fue hablar con mi madre para cambiar la manera de relacionarnos. Empieza por exponer qué es lo que no te gusta de la relación y expresa qué es lo que esperas de ella al tiempo que le das la oportunidad de expresarse también. 

Si el amor es real y es fuerte, seguramente llegarán a un acuerdo de relacionamiento que las haga felices a ambas. De lo contrario, quizá te convenga distanciarte por un tiempo para evitar que sabotee tu felicidad.