Antes de abordar el tema del pudor relacionado con los niños, es importante que despejemos el significado de lo que es pudor como tal. Esto es, en general, el recato que tiene la persona por mostrar su cuerpo, por la sexualidad o por tratar temas relacionados con esta.

Este es un concepto muy ligado a las normas de cada sociedad. Por eso, al hablar del pudor en los niños se hace en relación con la cultura y la familia en las que ellos se desenvuelvan, así como a los valores y las creencias de su grupo social y familiar. Manejar adecuadamente el pudor con los pequeños significa ayudarlos a establecer una relación amorosa, armoniosa y sana con su propio cuerpo, en la que entiendan claramente que tienen derecho a sentir placer y a disfrutar con su piel, siempre con amor y respeto por sí mismos y por el otro.

Los primeros años

Durante los primeros años de vida el pudor no existe. Recién cuando empiezan a ir solos al baño en el jardín es que empiezan a comprender el concepto de intimidad.

Es muy importante que los padres entiendan que, desde que sus hijos son pequeños deben enseñarles a tener una relación natural con su cuerpo. Asimismo, a medida que pidan intimidad, debes permitírsela. Por ejemplo, si los papás consideran que pueden desvestir a su hijo en la sala frente a otras personas, tal vez el niño no lo quiera y solicite hacerlo íntimamente; en estos casos, deben respetar al menor y darle más privacidad. Y cuando pida ir al baño solo, puede hacerlo, siempre y cuando, deje la puerta sin seguro.

Con el cuerpo

Cuando tu pequeño comience a preguntar por qué él tiene pene y las niñas no, lo mejor es responderle con honestidad, dale a las partes del cuerpo su nombre -sin eufemismos-, ni vayas más allá de la pregunta que te formuló y tener certeza sobre la duda real que tiene. Por ejemplo, si el pequeño pregunta cómo nacen los niños, es bueno saber a qué se refiere: tal vez solo quiera conocer si nacen sentados o acostados, con ropa o desnudos.

Las preguntas van cambiando con la edad y a medida que los niños crecen, piden más información. A veces, cuando indagan por la diferencia entre hombres y mujeres, basta con decirles que así nos hace la naturaleza y que ellos tienen pene y ellas, vagina, o mostrarle que existen gatos y gatas, leones y leonas. Tal vez no necesite una explicación más detallada.

Los padres también deben enseñarles a los niños que cada cosa tiene su momento y su lugar. Así como uno va al supermercado a comprar la comida o al médico a que les pongan las vacunas, de la misma manera, uno va al baño a bañarse o a hacer sus necesidades. También puedes enseñarle que uno se viste y desviste en su cuarto y no en público.

No te asustes con la autoestimulación

Es natural que los niños se autoestimulen o se toquen los genitales y en ese momento los padres deben saber que los pequeños lo hacen porque se están descubriendo y ese acto forma parte de su desarrollo natural. Claramente les gusta, pero no hay en ellos un mal pensamiento.

En estas situaciones, explícale que eso no se hace en público; en muchas ocasiones, tal vez solo sea necesario distraerlo para que no sea incómodo para ellos u otras personas. Lo que jamás debes decirle es que eso está mal y que su cuerpo es un lugar prohibido.

No les cambies el nombre

El lenguaje es fundamental. Siempre debes hablar de las partes del cuerpo por su propio nombre y sin tono de risa ni con voz de vergüenza, así el niño entenderá, desde el principio, que lo que tiene que ver con él es transparente y sano. 

Nunca te burles del cuerpo de tu hijo, ni le digas que es feo o malo, que tiene un pene muy grande o muy pequeño, o que la niña tiene cola grande o que está muy gorda. Este tipo de calificativos no son positivos cuando tu pequeño está aprendiendo a quererse como es y a aceptarse con amor. En los niños no existe esa malicia ni juicio social sobre lo que es bello o feo de acuerdo con unos cánones establecidos por otros.

Tampoco lo obligues a darles besos a personas que acaban de conocer o a dejarse abrazar cuando no lo desea. Los niños nunca deben ser presionados para dejarse tocar o acariciar por otros. Ellos son dueños de su cuerpo y desde muy pequeños deben saber que tienen la capacidad de decidir sobre él.