La pregunta del millón. Cómo llegar a ese estado de bienestar y perfección llamado felicidad. Esa palabra que todos decimos sin parar, pero pocos sabemos lo que es realmente. La felicidad es un estado de ánimo que se compone de momentos, experiencias, personas, objetivos, memorias, un beso, dormir con alguien, la risa contagiosa… A cada persona le hacen sentir bien unas cosas determinadas, ya que no todos somos iguales. Por lo que la clave es hacer aquello que te llene, que te haga ser tú mismo.

Hay algo que debes saber antes de zarpar sin rumbo hacia la felicidad:

Tú ya eras feliz. ¿Te has olvidado de que tú ya eras feliz antes de que el problema llegase? Si has perdido un trabajo, ¿recuerdas tu vida antes de tener ese trabajo? Si has terminado con tu pareja, ¿recuerdas cómo eras tú antes de conocerlo? Nunca olvides que tú fuiste feliz sin eso. Esa felicidad temporal es tan solo una felicidad añadida a tu vida. Tú ya eras feliz, tú lo tenías todo para sonreírle a la vida. Perder algo o a alguien no significa el fin de tu felicidad, ya que cuando una puerta se cierra otras se abren. Apareció cuando no lo necesitabas, y se fue cuando empezabas a necesitarlo. Crees que lo necesitas pero no, todo es psicológico, es un proceso. Primero nos arrepentimos y sufrimos porque ha llegado a su fin, pero luego el dolor se transforma en experiencia, y eso nos hace aún más fuertes para afrontar los futuros baches de la vida.

No es un problema, es un contratiempo. Todos esos problemas que estallan en tu cabeza no son realmente problemas, son contratiempos. Y tú puedes con ello. Contratiempo es algo que se soluciona con el tiempo, ya que el tiempo lo cura todo. Si algo sale mal, tan solo necesitas algo de tiempo para solucionarlo. Los problemas, por el contrario, se los crea el hombre a sí mismo. La capacidad de no tener perspectiva a un contratiempo, crea un problema. Hay que relativizar las cosas y saber distinguir lo que realmente es un problema de lo que no. Sentarse, pensar y actuar, pero sin perder el tiempo.

Cultívala. Hay muchas claves para encontrar la felicidad, y hay que cultivarlas. Si tú sabes que levantándote pronto, siendo ordenada, haciendo ejercicio, siendo buena con los demás, y siguiendo una serie de rutinas en tu vida diaria tú eres feliz, ¡cultívalo! Y sigue haciéndolo.

No es gratuita. En contra de lo que podamos pensar, la felicidad no es gratuita. Hay un precio que hay que pagar. Implica dedicación a las personas, inversión de tiempo a los demás, respeto, organización y priorización con tu vida diaria, humildad contigo misma, reconocer y utilizar tus propios dones, y así saber aprovechar los recursos y todo lo que te da la vida.

No es un destino, es un camino. Estamos acostumbrados a vivir en esa esfera cerrada en la que nos creemos que la felicidad es algo a lo que tendemos a alcanzar. Todos esperamos tener un marido, unos hijos, formar una familia, tener una casa grande, y todas esas cosas que en un futuro nos van a hacer felices. ¡Error! Nos equivocamos. La felicidad es el día a día, momento a momento. Felicidad es esa primera cita, felicidad es una reconciliación tras una discusión, ataques de risa a las tantas de la madrugada en la cama, o ese primer beso. Felicidad es nuestro primer contrato en un trabajo, nuestro primer ascenso, que nos feliciten por un buen trabajo. Hay que vivir la vida día a día, hay que saber que lo que hace que seamos felices es el camino. No un destino hipotético creado por nuestra imaginación y cuentos fantásticos. Si no logras alcanzar y entender esto, serás una persona infeliz todo el camino de tu vida para alcanzar un destino que no soñabas. Presta atención a tu día a día, pues la vida pasa en un simple pestañeo. Vive la vida al máximo. Mira el reloj, el minuto que acaba de pasar ya no va a volver.

Cuanto más das, más recibes. Y es así de cierto, cuanto más des a los demás, más recibirás. Y la verdad es que no somos la misma persona las 24 horas del día. Actuamos de manera diferente según el momento y situación. Según con quien estés y dónde, hablarás de una manera u otra. Tus consejos y relación con los demás no será igual con todo el mundo y a todas horas y tienes que saber cómo manejarlo. Escucha más que habla. Es un buen consejo para hacer que la otra persona se sienta cómoda y a gusto contigo. Tú tienes problemas, pero él también. Pregúntale cómo está, cómo está su familia, cómo está anímicamente, cómo está su salud y su forma física, sorpréndele o prepara una cena romántica porque sí. Haz que vea que te preocupas por su bienestar, y esa persona lo hará contigo. Cuida y respeta a los demás como te gustaría que lo hiciesen contigo. Dales lo que tienes, no lo que te sobre. Todos tus actos tienen efecto rebote, y la vida te lo devolverá.

Crea tu saco invisible. Hay que entender que todos los miedos, angustias y temores son nuestra sombra, es nuestro saco invisible que llevamos con nosotros constantemente. Por lo general, nuestra sombra oscura y tenebrosa nos provoca miedo y queremos sacárnosla de encima. Pero en verdad, donde hay un miedo, hay una oportunidad para mejorar. “No he conseguido algo”, “he fallado en esto”, todos estos momentos son, en verdad, oportunidades para pensar y recapacitar. No crearte una obsesión, sino una manera de seguir luchando. Todos hemos fracasado alguna vez y lo haremos mil veces más, hay que asumir todos los errores y miedos, porque de esta manera sabrás enfrentarte a ellos. Lleva tus miedos con dignidad para que tu sombra no te vuelva a asustar, en vez de encerrarlos bajo llave ábrelos y aprende a vivir con ellos. Ya que cada vez que intentamos dejar a un lado lo negativo, lo único que hacemos es crear más traumas.

Autoconocimiento. Conocerte a ti mismo, conocerte como persona. Nunca es tarde para parar y aprender. Aprende por qué has actuado de una manera y no de otra. Por qué has tomado esa decisión, y si será la acertada. Hay que aprender a vivir en soledad para conocerse mejor. Quién eres y qué es lo que buscas. Analiza y asimila cómo eres y la manera en la que reaccionas según qué ocasiones. Analiza por qué tienes esos arrebatos que no puedes controlar y de los que luego te arrepientes. Esto se llama inteligencia emocional, el conocerse y saber cómo ser mejor con los demás. Lo primero es buscar la felicidad dentro de ti, no fuera. Aprender a ser mentalmente fuerte, saber cómo afrontar situaciones y no caer en los errores de siempre. Conocerte a ti misma, saber qué hiciste mal y qué te llevó a ello. Para aprender a controlarte y, sobre todo, a no volver a tropezar. Y así podrás ser feliz.