Criar un hijo es un arte y una ciencia, porque al fin y al cabo, no existe un manual infalible para hacerlo. Sin embargo, si hay ciertos lineamientos y consejos que ayudan a transitar las agitadas aguas de la maternidad.

Como faros en la noche, los hijos no dicen qué hacer, simplemente señalan cuando los padres nos acercamos peligrosamente a rocas que pueden hacer naufragar nuestro barco.

Y este breve artículo es un faro que te alerta sobre la posibilidad de que estés criando un hijo egoísta.

#1 Le haces creer que es perfecto

Una cosa es estimular la confianza en sí mismo, y otra muy diferente es hacerle creer que es perfecto. ¿Cómo darte cuenta? Si lo alabas por todo lo que hace y minimizas sus errores, estás alimentando su ego en exceso.

#2 Lo comparas con otros niños

Los padres tendemos a hacer esto casi inconscientemente: comparar a nuestros hijos con otros, ya sea con sus hermanos o con sus amigos, o los hijos de nuestras amigas.

Les estamos haciendo daño, porque le ponemos presión para ser igual o mejor que otros, lo que mata su propia esencia y lo obliga a convertirse en lo que nosotros queremos, y no en quienes realmente son.

#3 Lo obligas a ganarse tu cariño

Esto suele suceder especialmente con aquellos padres que fueron criados por unos padres severos, en los que el cariño era algo que se ganaba con obediencia y sacrificio.

La clave es demostrarle amor a tu hijo bajo cualquier circunstancia, sin importar si se “porta bien” o se “porta mal”, porque el amor de madre es incondicional.

#4 No aceptas críticas

Los padres enseñamos más con el ejemplo que con nuestras palabras. Si eres una adulta que no acepta críticas (de tu pareja, tus amigos, tu familia y sí, tu propio hijo), le estarás enseñando a hacer oídos sordos ante las críticas que pueda recibir más adelante en su vida, ¡incluyendo las tuyas!

#5 Eres intolerante

Si eres intolerante tus hijos lo percibirán y absorberán el modelo. Y más adelante se transformarán en seres egoístas que piensan que solo su punto de vista es el correcto, y todos los demás están equivocados…incluyéndote a ti.

Estas señales suelen darse con más frecuencia en los hijos únicos. La buena noticia es que, por más que te identifiques con ellas, en cuanto te das cuenta puedes cambiar.