Tener un bebé en nuestros brazos es un milagro lo suficientemente grande como para que nos tiemblen las rodillas de emoción. Y cuando el bebé empieza a llorar y no sabemos por qué, o se enferma, o no quiere comer, o cualquiera de las cosas comunes que suceden en la experiencia de ser padres, nuestros niveles de estrés y ansiedad suben como la espuma.

Sin embargo, hay niveles normales y niveles exagerados. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Estas son las señales que te indican que estás viviendo la maternidad con demasiada ansiedad.

Te estresas antes de tener al bebé

Muchas veces la ansiedad empieza antes de que el bebé nazca, cuando nos preocupamos por qué clase de madres seremos, qué clase de vida le daremos, si tendremos suficiente dinero para mantenerlo, si nuestra pareja permanecerá unida o será hijo de padres separados, y así con los mil y un detalles relacionados con la maternidad.

Ante cada situación te imaginas el peor escenario

Hay personas que ven el vaso medio lleno, y otras que ven el vaso medio vacío, y esto también sucede con la maternidad. Si eres de las personas que se preocupan por todo y enseguida se imaginan el peor escenario, ser madre te hará sufrir mucho más de lo que imaginas. ¡Y tu ansiedad afectará al bebé!

Investigas cada cosa para tratar de adelantarte a los hechos

En lugar de pasar el tiempo investigando nombres de bebés o ideas de decoración para el dormitorio, prefieres pasar tu tiempo investigando cada molestia o dolor que sientes durante el embarazo (pensando siempre lo peor), y luego que nace el bebé dedicas tu tiempo a investigar cada sarpullido, cólico y gimoteo tratando de adelantarte a los hechos.

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Cuando te obsesionas y buscas información sobre cualquier y todas las cosas relacionadas con tu hijo y con ser madre, y luego sigues todos los consejos para evitar equivocarte, eso es verdadera ansiedad.

Evitas hacer lo que tus padres hacían por miedo a traumar a tu hijo

Esto es algo bastante común: evitar hacer con tu hijo lo que tus padres hicieron contigo porque piensas que le puede hacer mal. Sin embargo, es solo cuestión de hallar el equilibrio; hay cosas que tus padres hicieron bien, y otras que quizá no tanto. Ser padre es algo que se aprende haciéndolo, no hay un manual de la madre perfecta. ¡Por suerte!